Han sido algo más de catorce años metido entre las cuatro paredes de una fábrica. Con muy buenos compañeros. Sin lugar a dudas los mejores que hubiese podido tener. Ahora son también cuatro paredes. Pero son las de las aulas. Otra vez un pupitre, una silla incomoda, una mochila con cuadernos y bolígrafos como herramientas. Otra vez vuelvo a ser estudiante.
Solo deseo una cosa: que todo el esfuerzo que voy a invertir sirva para algo. Espero haceros en una entrada allá por Junio pudiendo decir que las he aprobado todas.

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